domingo, 4 de mayo de 2008

2006/09/01 - Conferencia Dr. Felipe Tami

"La deuda social argentina: la economía y las incógnitas de un país fragmentado"

El concepto de “deuda social” describe las privaciones y carencias asociadas al fenómeno de la pobreza, entendido no simplemente desde una perspectiva económica (por ejemplo cuando se lo refiere a un determinado nivel de ingreso), sino abarcando las diversas dimensiones del bienestar humano.
· El desarrollo humano es el proceso por el cual se busca que las personas vivan vidas largas y saludables, tengan cubiertas sus necesidades materiales, cuenten con acceso a la educación y a la salud, y posean una capacidad efectiva de participar en la vida de la comunidad a la que pertenecen.
· Para superar una definición puramente económica de la deuda social, en la investigación llevada a cabo por un equipo de la UCA, se decidió definirla como un déficit de desarrollo humano.
· Frente al cuadro de necesidades insatisfechas que revela el examen de la realidad, y ante el comportamiento exitoso que muestra la economía en los últimos años, una pregunta que se plantea repetidamente es la de cómo son compatibles esas dos realidades.
· Las realidades sociales muestran un panorama crítico en el que se combinan diversos elementos, que están relacionados entre sí. Así, entre los hechos más salientes aparece en primer lugar en el problema de la desocupación, si bien disminuido en alguna medida pero con una fuerte proporción de empleo de baja calidad, ya que alrededor de un 50% de la población ocupada lo está en condiciones de informalidad, y con bajas expectativas de acceder al empleo formal.
· Hay un 45% de la población pobre que no recibe ningún tipo de prestación social.
· Se ha acrecentado fuertemente la desigualdad en la distribución del ingreso, alejándose el país de una situación que tradicionalmente lo caracterizó. Entre la primera parte de la década del 70 y el 2005, el indicador de la desigualdad se duplicó, lo cual es consistente con el aumento de la pobreza.
· La baja calidad de la acción del Estado, determina que una porción muy importante de la población, particularmente los sectores más pobres, no tenga acceso a los bienes públicos cuya producción es una función primordial de aquél.
· Las nocivas prácticas del clientelismo político desvirtúan los objetivos asistenciales de muchos programas de ayuda social, dándoles el carácter de una transacción espuria que hace aprovechamiento de las situaciones de pobreza.
· La sociedad exhibe un alto grado de fragmentación, alimentado por los muy bajos niveles de confianza prevalecientes en la población con respecto a las instituciones y los poderes públicos, extendiéndose también esa desconfianza al plano de las relaciones interpersonales.
· Contra la creencia prevaleciente durante las últimas décadas, la experiencia ha demostrado que el mero crecimiento de la economía no es suficiente para asegurar el bienestar general de la población y lograr una distribución equitativa de los frutos del progreso.
· Por otra parte, las altas tasas de crecimiento exhibidas por la economía en los últimos años no pueden interpretarse como el inicio cierto de un proceso de desarrollo sustentable a largo plazo. El comportamiento del producto muestra a lo largo del tiempo una muy alta volatilidad, y cuando se examinan sus tendencias se advierte que, entre los años 1991 y 2001, la tasa media anual de crecimiento fue del 2,61% (obviamente muy lejos de las tasas del 8 o 9% de los tres o cuatro años más recientes). Y si se observa el panorama con una perspectiva más amplia, entre el año 1971 y el 2005, el crecimiento anual promedio fue de tan sólo el 1,66%.
· La inversión es la variable clave de la que depende el aumento de la capacidad productiva, y de la cifra de inversión registrada estadísticamente sólo algo más de un 30% puede calificarse como inversión reproductiva. Naturalmente, esto plantea dudas acerca del ritmo de crecimiento futuro y de la capacidad de generación de empleo de la economía.
· El caso argentino muestra claramente que la economía no funciona en el vacío, y que existe una influencia recíproca entre el comportamiento económico, la calidad institucional y la cohesión social. Por ello, la “deuda social” entraña un complejo problema con muchos frentes, que exigen poner en juego diversas políticas articuladas en una estrategia de conjunto. El ataque a este problema, que es central en la realidad argentina, es una responsabilidad primordial pero no única del gobierno. Es decisiva la participación activa de los actores sociales, y ello requiere que en la población se instale en profundidad el concepto de ciudadanía. De allí que la educación sea un elemento fundamental para el necesario proceso de cambio, que sólo puede lograr resultados a largo plazo.
· En definitiva, así como cuando la economía entra en quiebra la sociedad se destroza (como lo demuestran las experiencias de hiperinflación y de depresión), no hay posibilidad de que una política económica seria sea sustentable a largo plazo en una sociedad profundamente fragmentada y carente de instituciones estables, eficaces y confiables.
Temas puntuales
· La cancelación anticipada de la deuda con el FMI fue un acto motivado esencialmente por razones de política. Su significación económica no fue importante. El monitoreo internacional de todas formas ocurre de diversas maneras.
· En el país no hay estrictamente un “modelo económico”, sino un conjunto de medidas, con un objetivo de muy corto plazo – y relacionadas con la estrategia política. Cuidado con extrapolar los (buenos/malos) resultados actuales, porque no existe una estrategia pensada para el largo plazo.
· Para encarar algunos males arraigados en el ser nacional –egoísmo, desconfianza, falta de respeto por la ley…- el gran remedio se llama educación.
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